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Palabra

Palabra proviene del latín parabola, del griego παραβολή (parabolê). Se compone de un prefijo y un sustantivo: πάρα- (pára-) que significa al lado, y βολή (bolê, de βάλλω (ballo), lanzar. Literalmente significa lanzar a un lado, y en su forma abstracta describe el hecho de comparar, poner al lado de algo para compararlo. 

La palabra determina lo que algo es en sí mismo, cómo se asemeja o diferencia de otra cosa, y cómo representa un papel en la existencia del Universo.

Su simbolismo es trascendente en múltiples culturas de todo el mundo, y evoca el inicio de la Creación, tanto a nivel micro como macrocósmico. 

Para algunas tribus guaraníes, Dios creó el lenguaje antes de manifestar los elementos y la tierra. Para los canaca de Nueva Caledonia, como dice Maurice Leenhardt, “La palabra es un acto”, acto primero que invoca el poder de Dios. Juan Eduardo Cirlot, respecto a la tradición bíblica y su tratamiento hacia la palabra, escribió:

“En la tradición bíblica el Antiguo Testamento presenta el tema de la palabra de Dios y el de la sabiduría, que existen antes que el mundo, en Dios; por quien todo fue creado; enviada sobre la tierra para revelar los secretos de la voluntad divina; y vuelta con Dios, una vez terminada su misión. Así mismo para san Juan, el Verbo (el Logos) estaba en Dios; preexistía a la creación; vino al mundo enviado por el Padre para cumplir una misión: transmitir al mundo un mensaje de salvación; terminada su misión, vuelve hacia el Padre.”

Y en la filosofía griega:
“En el pensamiento griego la palabra, el logos, ha significado no solamente el vocablo, la frase, el discurso, sino también la razón y la inteligencia, la idea y el sentido profundo de un ser, el propio pensamiento divino. Para los estoicos, la palabra era la razón inmanente en el orden del mundo.”
Y concluye:
“Cualesquiera que fueren las creencias y los dogmas, la palabra simboliza de modo general la manifestación de la inteligencia en el lenguaje, en la naturaleza de los seres y en la creación continua del universo; es la verdad y la luz del ser.”
El acto de usar las palabras genera información, algún tipo de conocimiento o conciencia de lo existente. Define lo creado, y crea lo definible. Por ello, en multitud de enseñanzas de todos los tiempos se insta ser impecable cuando utilicemos la palabra.

También es importante el significado que le damos a las palabras y no sólo las palabras mismas. Como decía Gurdjieff, vivimos en el círculo de la confusión de lenguas. Con dicha afirmación no se refería a que utilizamos distintos idiomas para comunicarnos, sino a la diferencia de significado que cada ser humano le da a las palabras. Según la experiencia de vida, lo aprendido e integrado, cada persona le da un significado y valor concreto, normalmente diferente al de los demás, hecho que normalmente tiene su razón de ser en el ego. Además, curiosamente, cada persona defiende el significado que da a las palabras como idóneo y auténtico. 

Es probable que la historia bíblica de la Torre de Babel se refiriera realmente a que la arrogancia del ego y su consecuente confrontación con la Realidad crea una barrera para con los demás y la Creación, generando la aparición del lenguaje particular usado por cada ser humano, limitado y lejano a la Verdad.

Fuentes consultadas: 

-Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot. Ed. Siruela, 2002 

- http://etimologia.wordpress.com

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