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Influencias "A" e influencias "B"

El entendimiento de las influencias A e influencias B nos ayudan a comprender los diferentes tipos de información -mecánica y consciente- que podemos absorber a lo largo de nuestra vida, y su importancia en el autoconocimiento. Boris Mouravieff, en Gnosis, nos lo describe:
Veamos ahora cómo puede el hombre acceder al esoterismo desde el punto de vista práctico, cómo debe trabajar para establecer los lazos permanentes que le ofrecen la posibilidad de evolucionar. La Tradición trata este problema con la ayuda del esquema siguiente, en cierta forma el más importante esquema de la enseñanza esotérica. Encierra una multitud de ideas que sobrepasan ampliamente los comentarios de este momento. Recomendamos volver a él con frecuencia y meditarlo. 
Las flechas negras representan las influencias creadas en la vida por la vida misma. Es una primera especie de influencia, llamadas influencias "A", en medio de las cuales se encuentra el hombre. Se notará que cubren de manera más o menos pareja toda la superficie del círculo de la vida. Como en el caso de todas las fuerzas radiantes de la naturaleza, su efecto es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, de modo que el hombre sufre sobre todo la influencia de las flechas de su entorno inmediato y es arrastrado a cada instante por la resultante del momento. La influencia de las flechas "A" sobre el hombre exterior es imperativa; empujado, avanza errante por el círculo de su vida, del nacimiento a la muerte, siguiendo una línea quebrada con, a veces, peligrosos cambios de orientación.                             El conjunto de las influencias "A" forma la Ley de Azar o Ley de Accidente, bajo cuyo imperio está emplazada la suerte humana. Si examinamos el esquema percibiremos que cada flecha negra está contrabalanceada, neutralizada en alguna parte por otra flecha de igual fuerza y diametralmente opuesta, de modo que si se las dejara neutralizar efectivamente, su resultante general sería igual a cero. Esto significa que, en su conjunto, las influencias "A" son de naturaleza ilusoria, aunque el efecto de cada una de ellas sea efectivamente real. Es por esta razón que el hombre exterior las toma por realidad. 
El círculo blanco representa el Centro esotérico, emplazado fuera de las leyes generales de la vida. 
Las flechas blancas representan las influencias "B". Son influencias arro¬jadas al torbellino de la vida desde el Centro esotérico. Creadas fuera de la vida, estas flechas están todas orientadas en la misma dirección. En su conjunto forman una especie de campo magnético. 
Dado que las influencias "A" se neutralizan, las influencias "B" constituyen, de hecho, la única realidad. 
El pequeño círculo rayado representa en este esquema al hombre tomado aisladamente. Las rayas significan que la naturaleza del hombre exterior no es homogénea: está entremezclada. 
Si el hombre pasa su vida sin distinguir las influencias "A" y "B", la terminará como la empezó, es decir, mecánicamente, movido por la Ley de Accidente. Según la naturaleza e intensidad de las fuerzas resultantes a las que esté sometido, podrá hacer una brillante carrera, en el sentido que el mundo da a esa expresión, pero llegará al fin de sus días sin haber aprendido ni comprendido nada de lo Real. Y la tierra volverá a la Tierra. 
En la vida, cada ser está sometido a una especie de examen. Si discierne la existencia de las influencias "B", si adquiere el gusto de recogerlas y absorberlas, si aspira a asimilarlas cada vez más, su naturaleza interior—entremezclada sufrirá poco a poco una cierta evolución. Si los esfuerzos por absorber las influencias "B" son constantes y suficientemente intensos, se podrá formar en él un centro magnético, representado en el esquema por el pequeño espacio en blanco. 
Si una vez nacido en él, ese centro es cuidadosamente desarrollado, tomará cuerpo y ejercerá a su vez influencia sobre las resultantes de las flechas "A" siempre activas, de manera que sobrevendrá a éstas una desviación. Esta desviación puede ser violenta. En general constituye una transgresión a la ley de la vida exterior y provoca conflictos en el hombre y en su entorno. Si pierde la batalla, sale de ella con la convicción de que las influencias "B" no son más que ilusión y que la única realidad está representada por las influencias "A". El centro magnético que se había formado en él se reabsorbe y, poco a poco, desaparece. Desde el punto de vista esotérico su nueva situación es peor que la anterior, cuando él casi no discernía las influencias "B". A este caso hace alusión la parábola del espíritu impuro y la casa vacía. 
Pero si resulta vencedor en este primer combate, su centro magnético, consolidado y reforzado, lo atraerá hacia un hombre de influencia "C", más fuerte que él y poseedor de un centro magnético más potente. Así, por vía de sucesión, al estar éste en relación con un hombre de influencia "D", estará relacionado al Centro esotérico "E".
En adelante, el hombre ya no estará aislado en la vida. Es verdad que continuará viviendo, como antes, bajo la acción de las influencias "A", que por largo tiempo todavía ejercerán su ascendiente sobre él. Pero poco a poco y gracias al efecto de la influencia en cadena "B" - "C" - "D" - "E", se desarrollará su centro magnético y, a medida que crezca, saldrá el hombre del influjo de la Ley de Accidente para entrar en el dominio de la Conciencia. 
Si alcanza este resultado antes de su muerte, podrá decir que no ha vivido su vida en vano.

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