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Conciencia patriarcal y matriarcal

Erich Neumann, discípulo de Carl G. Jung, fue célebre por sus investigaciones sobre los arquetipos de la conciencia patriarcal y matriarcal. Olvidemos por completo que “conciencia patriarcal” o “conciencia matriarcal” se refiere a hombre o mujer, masculino o femenino, en el sentido ordinario del término. Con estos arquetipos estamos hablando de estados de experiencia, caminos de vida que todos compartimos en el inconsciente colectivo, o lo que es lo mismo, aquellos patrones autónomos que llevamos dentro de nosotros desde el nacimiento de manera potencial y que en determinados momentos de nuestra vida aparecen dependiendo de nuestro estado experiencial. Son universales, aunque pueden manifestarse de diferente forma y en varios niveles de comprensión distintos. Para clarificar más estos dos arquetipos, citaremos a Neumann:
“Matriarcado y patriarcado son, pues, a niveles psíquicos en los que el grado de desarrollo de la conciencia y del inconsciente es tan distinto como el modo en que ella se emplaza respecto a este. 
Matriarcado no significa, entonces, el mero dominio del arquetipo de la Gran Madre, sino, más generalmente, una situación psíquica global en la que lo inconsciente (y lo femenino) tiene dominancia, y en la que la conciencia (y lo masculino) no ha alcanzado aún su independencia. En este sentido puede calificarse como matriarcal a una religión, a una neurosis, pero también a un desarrollo de la conciencia. Patriarcal, por su parte, no significa el dominio del hombre, sino la dominancia de una conciencia masculina que ha logrado separar el sistema consciente-inconsciente y que se ha establecido de un modo relativamente sólido en oposición al inconsciente e independientemente de él. Por este motivo también la mujer moderna tiene que atravesar por todos los desarrollos conducentes a la formación de la conciencia patriarcal, que domina en la cultura patriarcal y es típica de la situación de la conciencia occidental, que la presupone. […] Deberíamos aprender de una vez por todas que ningún símbolo es “absoluto”, sino que sólo adquiere sentido por su inserción en un mundo-todo simbólico mayor, cuyo orden depende de la fase de desarrollo en la que se encuentre la conciencia en la que se presenta y con la que está vinculado. […] El que los procesos de la conciencia matriarcal sean completamente peculiares y específicos en relación a los de la conciencia patriarcal comienza ya en el acto de la “comprensión”. Comprender no es aquí, como par la conciencia patriarcal, un acto de intelecto en tanto que órgano de disposición, asimilación y registro, sino que significa “concebir”. 
Cuando algo ha de ser comprendido tiene que “introducirse” en la conciencia matriarcal, lo cual ha de ser interpretado en el sentido simbólico-sexual de una fecundación, es decir, de una “concepción”. 
Pero esta simbólica femenina de la conciencia matriarcal tiene una continuación, pues lo que se ha introducido debe “salir”. En el acto de “salir” se encuentra genialmente fijada en el lenguaje la ambigüedad de la conciencia matriarcal, para la cual la luz del conocimiento “sale” del mismo modo como “sale” una planta de la simiente. Pero si algo ha entrado y ha salido, entonces en ése “algo” se encuentra implicada toda la psiqe, que de este modo resulta impregnada por ése conocimiento emergente que la psique en su totalidad intenta realizar y tiene que realizar. O, dicho de otro modo, con la comprensión/concepción la conciencia matriarcal experimenta un cambio de personalidad. Mientras que en la conciencia patriarcal lo que ocurre con bastante frecuencia cuando se “comprende” intelectualmente un contenido es únicamente que se coloca en un cajón del sistema mental; en la conciencia matriarcal, por el contrario, es el hombre completo el que resulta conmovido y movido por el contenido. Lo que le resulta difícil  a la conciencia patriarcal no es el “comprender grandiosamente”, sino el realizar; para la conciencia matriarcal, sin embargo, lo difícil es comprender algo que no se puede realizar. Pero “realizar” significa aquí implicarse y relacionarse con el contenido, de modo similar a como el embarazo la madre y el hijo se transforman mutuamente, “realizándose”. […] El disponer y dejar madurar un conocimiento, algo típico de la conciencia matriarcal, significa al mismo tiempo un acto de “aceptación” o “asunción”. Este aceptar sirve de base incluso al concepto de “asimilación”, la forma típicamente femenina de actividad que en modo alguno pueden ser confundida con resignarse o dejarse empujar pasivamente. El yo de la conciencia matriarcal, comparado con el de la patriarcal, no es pasivo por su incapacidad para la actividad, sino porque sabe seguir un proceso en el que no puede “hacer” nada, sino que tiene que “permitir” o “dejar hacer”. 
Lo femenino se encuentra en todas las situaciones decisivas de su existencia muy intensamente entregado, o mejor, “abandonado” a lo “numinoso” de la naturaleza a su “eficacia” como lo exclusivamente masculino. Por ello su relación con la naturaleza y la divinidad es más confiada e interior, y su vinculación con lo anónimo-transpersonal se presenta antes, y es más profundamente eficaz que la vinculación con el nombre personal. […] La actividad espiritual de la conciencia matriarcal consiste en rodear y meditar-“incubar”, y no está dirigida hacia una meta como lo están el acto de pensamiento, la deducción y el juicio, A dicha actividad no le corresponde el “acertar o dar en el blanco” de la conciencia masculina, ni la nitidez de sus análisis, sino más bien ir hacia un centro rodeándolo, la consideración-reflexión que alguna vez fue caracterizada por Jung como un “hacer-fecundo”. La conciencia matriarcal está más interesada por el sentido que por lo hechos y los datos, y no se orienta de un modo causal-mecánico o causal-lógico, sino teleológicamente en correspondencia con el crecimiento orgánico.
A la conciencia matriarcal le corresponde, pues, la sabiduría de la tierra, del labrador y, naturalmente, la de la mujer. La doctrina china, especialmente la del I-Ching y la de Laotsé, es expresión de esta conciencia matriarcal que ama lo escondido y oscuro y que tiene tiempo. A ella le pertenece la renuncia a la rapidez del éxito, a la inmediatez de la reacción y a la seguridad del resultado. […] Es una sabiduría de la paradoja, que no separa ni contrapone los opuestos con la clara distinción de la conciencia patriarcal, sino que los une entre sí mediante el “no sólo… sino también…”.1

[1] Arquetipos y símbolos colectivos, Círculo Eranos, tomo I. Ed. Anthropos, 2004

1 comentario:

  1. Gracias por compartir esa información. Me ayudó mucho a comprender los arquetipos matriarcal y patriarcal.

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