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Partículas de limadura

Dependiendo de la situación en la que nos encontremos y de nuestro estado anímico,actuaremos de una forma u otra siempre -o casi siempre- siguiendo el dictado de los automatismos que integran lo que podemos llamar ego. Este hecho nos indica que el ser humano actúa, piensa y se emociona a través de los estímulos externos, estando sujeto a dichos acicates para moverse por la vida. Difícilmente conseguimos ser dueños de nosotros mismos, y actuamos muchas veces sin pensar; las emociones negativas condicionan nuestros procesos psicológicos y nuestros actos, sin que tengamos en cuenta si dichas emociones son producto de experiencias arraigadas o de una pobre educación emocional que no nos ayuda a reconocer cuándo somos conscientes y cuándo surgen los automatismos que funcionan independientemente de nuestra conciencia.

Boris Mourvieff, en su obra Gnosis, nos describe la interioridad del ser humano con una clara analogía:
[...] El hombre está tan atrapado en el engranaje de la vida mecanizada que no le queda tiempo para hacer alto ni el poder de atención necesario para dirigir hacia sí mismo su mirada mental. El hombre pasa sus días absorbido por las circunstancias. La inmensa máquina que lo arrastra gira sin cesar y le impide detenerse, a riesgo de ser destrozado. Hoy como ayer y mañana como hoy, se agota el hombre en esa carrera desenfrenada, lanzado en una dirección que, en definitiva, no lo conduce a ninguna parte. La vida pasa casi desapercibida, rápida como un trazo de luz; después, siempre ausente de sí mismo, cae, devorado. [...][T]odo cambia en nosotros y a cada instante. Basta el menor choque exterior -agradable o desagradable, feliz o desgraciado- para que nuestro contenido interior tome un nuevo aspecto. [...] [E]n realidad no vive en nosotros un hombre único sino varios, cada uno con sus propios gustos, sus aspiraciones propias y persiguiendo sus propios fines. De pronto descubrimos en nosotros un mundo lleno de vida y de colores que hasta ayer ignorábamos casi por completo.
"Podemos apreciar entonces el valor de la introspección como método de trabajo práctico que permite conocerse y entrar en sí mismo. A medida que progresamos nos damos más y más cuenta de la real situación en que nos encontramos. En definitiva, el contenido interior del hombre es análogo a un recipiente lleno de limaduras en estado de mezcla por acción mecánica, de modo tal que cualquier choque sufrido por el recipiente provocará un desplazamiento de las partículas de limadura. Es así como la vida real escapa al ser humano, a causa de ese cambio permanente de su vida interior.
Estos automatismos o partículas de limadura son aspectos de la vida humana que fueron asimilados por uno mismo en el pasado, y que generalmente provienen de la estructura de la experiencia y de la sociedad en la que vivimos. 

Las personas por lo general buscan un confort que vaya acorde a sus características particulares. Nos hemos acomodado con el paso de los siglos a una forma de vida que representa a la destrucción de la humanidad como tal, y consiguientemente a la del planeta que habita. Aun así, la desfavorable situación en la que se encuentra el ser humano PUEDEtransformarse. Volviendo a Mouravieff:

[...] Esta insensata y peligrosa situación puede ser favorablemente modificada. Ello requiere trabajo, esfuerzos conscientes y sostenidos. La introspección mantenida incansablemente trae como consecuencia una sensibilización interior que, a su vez, intensificará la amplitud y frecuencia de los movimientos en ocasión del desplazamiento de las partículas de limadura. De esta forma, los choques que antes pasaban desapercibidos provocarán de ahí en adelante vivas reacciones. Por su continua amplificación, estos movimientos llegarán a producir un frotamiento de tal intensidad entre las partículas de limadura, que un día se podrá sentir el fuego interior encenderse en sí.
Despertar supone tirar por tierra las vacas sagradas que sustentaban las creencias sobre uno mismo y la Realidad en la que habita para así abrirse al mundo de la incertidumbre y la impermanencia, o lo que es lo mismo, a la realidad multiversal. 

Cuando un individuo reconoce dicha situación, y hace esfuerzos continuados por ser consciente de cómo, cuándo y por qué reacciona de cierta manera ante los estímulos externos, manteniendo la llama que nombra Mouravieff, empezarán a gestarse verdaderos cambios interiores. El autor de Gnosis dice: 

No basta una simple llamarada ni basta que el fuego arda bajo las cenizas. Un fuego vivo, ardiente, una vez encendido debe ser cuidadosamente mantenido por la voluntad de afinar y cultivar la sensibilidad. Nuestro estado puede cambiar: el calor de la llama provocará en nosotros la soldadura. "De ahí en adelante el contenido interior ya no formará un conglomerado de partículas de limadura; formará un bloque. Los choques sufridos ya no provocarán en el hombre, como antes, un cambio interior. Alcanzado este punto, habrá adquirido la firmeza y permanecerá él mismo en medio de las tempestades de la vida.

Tal es la perspectiva que se abre a quien estudia la ciencia esotérica. Para alcanzar el estado que se acaba de describir habrá que desembarazarse desde el comienzo de toda ilusión respecto a sí mismo, por cara que sea, pues, tolerada al principio, una ilusión de esta índole crecerá sobre la marcha y, para deshacerse de ella, serán necesarios sufrimientos y esfuerzos complementarios.
Es esencial que nos hagamos dueños de nuestras vidas si existe en nosotros el compromiso interno de progresar en la senda del Conocimiento. Dejar de ser títeres de las circunstancias externas, convirtiéndonos en los conductores de nuestro propio destino.

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