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Ley de Tres

La Ley de Tres nos ayuda a comprender como se gesta un fenómeno. Boris Mouravieff, en Gnosis, tomo I, la describe:
“Todo lo que existe, existe como resultado de la acción convergente sobre un mismo punto y en el mismo momento de tres fuerzas: pasiva, activa y neutralizante. 
Se recordará que estas tres fuerzas reflejan las tres condiciones básicas de la creación del Universo, de las cuales ya hemos hablado. Como tales, representan en el Universo creado la manifestación de las tres condiciones de la Creación concebidas en la pre-existencia del Mundo por la Divinidad no manifestada. De esta forma, la fuerza pasiva es la derivada de la condición estática: el Espacio; la fuerza activa es la derivada de la condición dinámica: el Tiempo; finalmente, la fuerza neutralizante asegura en el Universo el mantenimiento del Equilibrio sobre todos los planos y todos los escalones. 
Se sobreentiende que en tanto fuerzas, estas tres fuerzas son actuantes. Su designación está hecha de acuerdo al rol que cada una de ellas juega en la cooperación que da nacimiento al fenómeno considerado. 
Visto bajo este ángulo, la vida en el Universo no es más que un perpetuo proceso de creación en todos los dominios, sobre todos los planos y en todos los escalones. Y por cada acontecimiento, grande o pequeño, importante o insigni­ficante, se reproduce —guardada la proporción— un acto análogo a la Primera Creación; la del Universo entero, acto por el cual actúan las tres fuerzas en cuestión, ya lo hemos dicho, como una réplica de las tres condiciones con­cebidas en la prexistencia del Universo creado. El ejemplo clásico que dan las escuelas esotéricas sobre el juego de las tres fuerzas es el pan. Para hacer pan es necesario tener harina, fuego y agua. La harina en este ejemplo es el conductor de la fuerza pasiva, el fuego, de la fuerza activa, el agua de la fuerza neutrali­zante. 
A continuación es necesario indicar que la sustancia que en un caso sirva de conductor a la fuerza pasiva, puede en otros, ser conductor de la fuerza activa y en otro, vehículo de la fuerza neutralizante. 
El carácter primordial de la fuerza pasiva puede ser ilustrado con numero­sos ejemplos. Tomemos el caso de una compra: la mercancía ofrecida es lo que constituye la fuerza pasiva; la necesidad o el deseo del comprador interviene a continuación como fuerza activa, y el precio pagado por el objeto constituye la fuerza neutralizante. En general la oferta interviene como fuerza pasiva, la demanda como fuerza activa y el pago como fuerza neutralizante. 
Que la fuerza activa es una fuerza y en tanto que tal, presenta un carácter activo, lo testimonia claramente el plano psicológico; por más activa que sea, la seducción femenina representa en el romance la fuerza pasiva. 
En lo que concierne a la tercera fuerza, la neutralizante, ella escapa a menudo de nuestra observación, sea a causa del carácter bipolar de nuestro psiquismo, sea porque su naturaleza misma, puede en numerosos casos, dejarla en la oscuridad. Ocurre que a veces, juega un rol catalizador mucho menos evidente que aquel de lazo, que es fundamentalmente el suyo.”
Para reconocer la Ley de Tres no hemos de fijarnos en la forma, sino en el hecho en sí mismo. Como ya menciona Mouravieff, una cosa en sí misma no es una fuerza concreta, si no que juega un papel u otro en la concepción de un fenómeno.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos que tenemos una vasija y la vamos a llenar de agua. ¿Qué papel tendría cada objeto/sujeto en este acto? La vasija, que recibe y contiene el agua, es la fuerza pasiva, pues recibe el agua. El agua sería la fuerza activa porque llena la vasija. La persona que llena la tinaja es la fuerza neutra, la que hace de nexo conector entre el agua y la vasija.

Ahora, imaginemos que vamos a echarnos ése agua encima para lavarnos. La fuerza activa sería la vasija con agua, puesto que es la que da el agua. Nuestro cuerpo sería la fuerza pasiva porque recibe el agua, y el acto de echárnosla encima sería la fuerza neutralizante. Es decir, de alguna manera, nosotros mismos, con este acto, somos la fuerza pasiva y neutralizante a la vez, y la vasija toma el papel activo en lugar de pasivo como anteriormente lo hizo.

Si tenemos presente el hecho de que cada objeto/sujeto puede tener diferentes papeles dependiendo de la situación que experimenta lograremos comprender lo limitante que es fijar etiquetas a las formas del mundo.

No es imprescindible pensar qué papel tienen las personas o los objetos en las situaciones dadas continuamente, ya que requiere de un esfuerzo innecesario y pecaríamos de intelectualistas, dejando de lado la naturalidad. Pero sí es recomendable, cuando vivimos una situación, preguntarnos a nosotros mismos qué papel estamos haciendo para reconocer nuestra posición en la experiencia que vivimos.

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