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Discos


Por analogía, el aprendizaje y utilización de comportamientos de los seres humanos es semejante al de un un disco con una serie de canciones grabadas. Boris Mouravieff, en su obra Gnosis, hace un hábil comentario sobre estos discos que se activan cuando iniciamos un diálogo con otras personas en los diferentes ámbitos de nuestras vidas.

“[...] Tal sistema es amplio, orde­nado y está unido de un dispositivo —el de las asociaciones— por el cual el disco que llega a su término hace saltar, automáticamente, otro disco cuyo contenido se asocia al primero. Del mismo modo, el disco que gira en el interlocutor puede provocar en nosotros, siempre por asociación, la puesta en marcha de un disco correspondiente. Así es como nace el diálogo y, en general, la conversación.


Este procedimiento es mecánico. Se lo observa fácilmente en el curso de una conversación entre personas que se conocen poco. Tal diálogo cae forzosamente al nivel elemental de los intereses más banales: el tiempo, las novedades políticas o locales. Se oyen los discos ponerse en marcha y girar sin interrupción, pasar de una persona a otra mientras los rostros permanecen fijos en una mueca que, en el consenso general, testimonia una actitud amable.

El grabado de los discos se lleva a cabo prácticamente hasta el infinito; la discoteca es amplia y el aparato registrador muy sensible. Cuando alguien habla, es posible distinguir con bastante facilidad si están girando los discos o si habla desde el fondo de sí mismo, en cuyo caso emplea un lenguaje de imágenes, rústico, a veces torpe. En el primer caso, el lenguaje se torna encantador. Es importante hacer estas observaciones sobre sí mismo a fin de constatar estas variaciones de lenguaje. En un momento es Yo quien habla; luego, insensiblemente, no es más Yo, un disco grabado empieza a girar en mí. Cosa curiosa: una vez puesto en marcha es casi imposible detenerlo mientras no ha agotado su contenido.

Hay discos que se conservan cuidadosamente; otros esperan nuevas graba­ciones. Una serie especial suele representar la técnica profesional. Cada uno, en la esfera de su actividad, crea una colección de discos —inconscientemente, es claro— que utiliza para cubrir las necesidades de su profesión.

Pero al lado de esos discos hay otros cuyo contenido carece de sentido y no corresponden ni a necesidades ni a hechos. A esta categoría pertenece, por ejemplo, el estilo anecdótico, esas pequeñas historias espirituales o que así lo parecen a quien las cuenta. La observación interior permitirá descubrir todo un repertorio compuesto de esa clase de disco. Este descubrimiento ofrece posibili­dad de trabajar con miras a dominar la irrupción de esta clase de discos y a tratar de eliminarlos completamente. Para ello es preciso, en primer lugar, aprender a distinguirlos de los discos útiles y provistos de sentido, mediante el análisis de su contenido y por el "sabor" interior que provoca su puesta en marcha, como también por la entonación característica que adquiere la voz. En segundo lugar debe tratarse de captar el instante mismo de su aparición, ya que en ese preciso instante es posible hacerse amo de esos discos y suprimir los que son inútiles.”

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