MENÚ

Concinidad

Concinidad. (Del lat. concinnĭtas, -ātis).

  1. f. Ret. Buen orden y disposición del discurso, armonía, número, elegancia.[1]
Como agregado, en la antigüedad y en diferentes contextos, el término del que procede “concinidad”, concinnitas[2], fue utilizado para evocar lo armonioso, bien preparado o bien proporcionado. También León Battista Alberti[3] utiliza el vocablo para designar la justa medida, cuando ni sobra ni falta nada.
      
La concinidad es la habilidad de gestionar nuestra energía armoniosamente en la cantidad requerida para funcionar con eficacia. La concinidad se practica siendo consciente del momento presente, sin bifurcar la atención de forma innecesaria. Es usar la energía enfocándola en lo que estamos haciendo sin que el ego se haga partícipe de la actividad. Eso significa que cualquier cosa que hagamos la hemos de hacer sin motivo, simplemente hacerlo con desinterés.

Un ejemplo de obrar con concinidad sería el siguiente. Imaginemos que vamos a trabajar en un huerto. Es necesario preparar y abonar la tierra, luego plantar las semillas y mantener el campo alejado de plagas. Pasado el tiempo cosecharemos las hortalizas. Actuar con concinidad sería realizar cada paso sin pensar en el siguiente, es decir, sin imaginar lo que haremos después o si habrá plagas o no. Si estamos trabajando con la horca removiendo el terreno, usaremos con atención nuestra energía en ello y no en otra cosa. Luego seremos conscientes de plantar las semillas correctamente, y después echaremos agua sobre ellas sin pensar en otra cosa que no sea eso. Si no queremos que surjan plagas, haremos algo para prevenirlas, pero no nos preocuparemos de si sucederá algo así, sino que nos ocuparemos de prevenir que ocurra. Paso a paso, en cada proceso de construcción y mantenimiento del huerto, usaremos nuestra energía en el momento presente, sin motivo concreto, obrando nada más. Así nuestra energía tan sólo tiene un canal de transmisión y no se bifurca. Miles de ejemplos sirven para ver la concinidad. Hacer ejercicio sin interés por estar o no en forma, sino simplemente hacerlo. Cocinar sin intención de hacer algo sabroso, sino solo cocinar. Y así con todo en la vida.

Esta práctica forma parte de generar en nosotros la vacuidad interior y hacer únicamente lo útil.

No cesamos de generar pensamientos en todo momento. Aparecen diálogos internos, imaginamos situaciones pasadas o posibilidades futuras preocupándonos de lo que va a ocurrir en lugar de ocuparnos de ello; acumulamos emociones y pensamientos, mezclándolo todo de tal manera que gastamos energía hasta agotarnos. Un estado íntegro comporta la atención del momento presente, cuando la energía utilizada no se disgrega, sino que, unificada, realiza lo necesario e idóneo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario